De tanto machacar con los amaneceres y los atardeceres, hemos perdido la magia de sentarnos a ver el anochecer.
Hoy lo hago.
Mientras las calles se calman, los cantos de los pájaros se van apagando para cederle un lugarcito a los grillos...
El cielo va cambiando sus celestes por grises y azules oscuros, y los dejos de luz le dan nuevas formas a las siluetas, el mundo no reconoce sus sombras...
Como cambian las sombras, cambia el aire... se calman los murmullos, el viento trae nuevos cantos.
Parece que el cielo me hiciera un guiño dejándome entrever, sólo a mí, la primer estrella de la noche.
Si ponemos atención... hay un instante, tan sólo un instante en que, en pleno silencio, podemos escuchar el cambio de tiempo.
El anochecer llega, siempre igual de pacífico, cubriéndonos de luces opacas y cielos que tras el gris dejan ver el celeste del día y las estrellas de la noche.
Trae la calma, el silencio, el instante en que todo se frena (justo cuando termina el día) antes de empezar de nuevo (con la noche como cómplice).
Ahora, es el momento... déjame contarte los secretos que se lleva el día antes de que la noche los traiga a tu oido...
2 de enero de 2008
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